8 de abril de 2026
Las finanzas abiertas a menudo se describen como un cambio tecnológico: datos que se mueven con mayor facilidad y seguridad entre partes de confianza. Pero, en esencia, es un cambio humano, impulsado por si las personas se sienten cómodas diciendo “sí”.
Ese «sí» —el permiso o consentimiento del consumidor— es lo que hace que las finanzas abiertas y la personalización de datos funcionen. Es el puente entre el potencial y el progreso. Sin esto, incluso las herramientas más avanzadas no pueden ofrecer las experiencias que los consumidores esperan cada vez más: una incorporación más rápida, menos formularios repetitivos, información más inteligente y servicios que se sientan adaptados a sus necesidades.
Y en este momento, estamos en una etapa en la que la capacidad de obtener y mantener el consentimiento del consumidor se está convirtiendo en un importante diferenciador competitivo.
Los consumidores tienen ahora más opciones en servicios financieros que nunca. Pueden comparar proveedores rápidamente, probar nuevas herramientas fácilmente y cambiar de proveedor cuando las experiencias no cumplen con sus expectativas. De hecho, una nueva investigación de Mastercard con FT Longitude muestra que el 76 % de los consumidores están dispuestos a cambiar para acceder a mejores experiencias digitales, lo que potencialmente pone billones de dólares en riesgo de redistribución. Al mismo tiempo, las personas están prestando más atención a cómo se maneja su información personal —no solo si es segura, sino si entienden cómo se utiliza detrás de escena.
La investigación, basada en una encuesta a más de 8 000 consumidores en nueve mercados y 300 altos responsables de la toma de decisiones del sector, muestra un patrón consistente: la confianza, la seguridad y la conveniencia están ahora inextricablemente vinculadas. Los consumidores quieren mejores experiencias digitales y entienden el beneficio: más de 8 de cada 10 dijeron que darían su consentimiento para compartir sus datos personales a fin de simplificar las solicitudes de préstamo para obtener mejores tasas de aprobación y de interés, y casi el 20 % no solo daría su consentimiento, sino que también pagaría una tarifa para acceder a la apertura de cuenta instantánea. Pero el valor del consentimiento no es solo una cifra en dólares —se trata de generar confianza con sus clientes, quienes son más propensos a permanecer leales si entienden y controlan cómo se utilizan sus datos.
Eso significa que obtener el permiso del consumidor no se trata solo de cumplir con las obligaciones legales. Se trata de ofrecer una mejor experiencia y demostrarle al cliente que eres un proveedor con el que vale la pena quedarse.
Una de las conclusiones más importantes de esta investigación es que la mayoría de los consumidores están abiertos a compartir datos en principio. Eso deja dos preguntas: ¿qué reciben a cambio y qué tan seguros se sienten sobre este acuerdo?
La investigación de Mastercard revela que casi la mitad de quienes están dispuestos a compartir sus datos afirma que depende de que comprendan para qué se utilizarán: ahorrar tiempo, obtener una mejor tarifa, completar una solicitud más rápido o recibir orientación personalizada. Pero cuando ese valor es vago o está redactado en lenguaje técnico, la disposición disminuye. La confusión y la fricción no solo crean malas experiencias — reducen el consentimiento.
La transparencia también es clave para comprender los beneficios de los datos autorizados por el consumidor. Para ganarse la confianza de alguien y que acepte compartir sus datos, es clave explicar quién recibe y utiliza los datos, qué tipo de servicios se proporcionan y los derechos que tienen las personas para optar por dejar de compartir sus datos en cualquier momento.
Las personas no quieren sorpresas. Como se describe en el informe, quieren conocer el beneficio (“Compartir tus datos permite aprobaciones más rápidas”), quién tiene el control (“Puedes revocar el consentimiento en cualquier momento”) y si sus datos están seguros (“Monitoreamos continuamente para detectar el uso indebido”).
La confianza requiere claridad: el consumidor siempre debe entender qué está sucediendo y por qué.
Por el lado del proveedor, los beneficios de las finanzas abiertas son cada vez más medibles. A medida que los consumidores reciben más valor a través de experiencias personalizadas, se Become más dispuestos a compartir sus datos — impulsando un ciclo de datos en el que un mayor acceso a la información permite mejores servicios, generando aún más valor a cambio. En consonancia con esta dinámica, la mayoría de los ejecutivos en nuestro estudio afirman que los esfuerzos en finanzas abiertas ya están mejorando los resultados comerciales, incluido el desempeño de los ingresos.
Pero la imagen especular de ese hallazgo es igual de crítica: muchos líderes también creen que se están perdiendo beneficios significativos porque no pueden obtener los permisos necesarios para ofrecer mejores experiencias. Esa brecha se manifiesta de formas muy prácticas: incorporación más lenta, toma de decisiones incompleta, fricción en los pagos, abandono en los recorridos digitales y oportunidades perdidas para ofrecer el producto adecuado en el momento adecuado.
El consentimiento del consumidor en la banca abierta no es solo un problema de confianza. Es un problema de crecimiento. No puedes ofrecer experiencias que generen valor sin obtener el permiso del consumidor.
Los avances en IA acelerarán lo que es posible con datos autorizados y, en algunos mercados, la regulación puede ayudar a dar forma a las finanzas abiertas. Pero independientemente de la tecnología o la política, la dirección es clara: los consumidores recompensarán a los proveedores que faciliten sus vidas financieras, y que respeten sus elecciones de datos en el proceso.
Es por eso que considero el consentimiento como la verdadera moneda de las finanzas abiertas. Es lo que impulsa el volante: obtener permiso, ofrecer un beneficio claro, mejorar la experiencia, profundizar la confianza y desbloquear nuevos servicios que continúan creando valor.
Las finanzas abiertas no se tratan solo de datos conectados. Se trata de relaciones conectadas, y las organizaciones que lideren en 2026 y en adelante serán las que traten la confianza del consumidor como algo que se gana con cada transacción.