2 de abril de 2026
El cine siempre ha sido una de nuestras herramientas más poderosas para imaginar el futuro. Mucho antes de que las tecnologías Become convencionales, aparecen en pantalla, moldeadas no solo por lo que pueden hacer, sino por cómo nos sentimos respecto a ellas. (Advertencia: spoilers de la película a continuación.)
En el reciente éxito de taquilla, “Project Hail Mary”, la ciencia y la inteligencia —humanas y de otro tipo— trabajan en conjunto para resolver una crisis existencial. Sin la tecnología futurista que aparece en la película, la Tierra ya no existiría tal como la conocemos hoy. La película hace más que mostrar la resolución de problemas de alto riesgo: presenta la tecnología como una fuerza para el bien y, en este caso, que salva vidas. Ya sea humana o alienígena, la tecnología no es algo a lo que temer, sino una herramienta que amplifica el ingenio humano cuando se utiliza con cuidado y humildad.
Lo que hace que “Project Hail Mary” sea especialmente convincente es cómo enmarca la colaboración. Los desafíos que enfrenta el protagonista no pueden resolverse solo con una perspectiva o un conjunto de habilidades. Solo combinando el conocimiento, la perspectiva y la creatividad entre seres muy diferentes —y utilizando la tecnología como puente— se puede abordar la crisis. La historia enfatiza que la tecnología funciona mejor cuando apoya la toma de decisiones humana, fomenta la confianza y mantiene a las personas en el centro de la resolución de problemas, en lugar de reemplazarlas.
En última instancia, la película recuerda a los espectadores que el verdadero poder de la tecnología no reside solo en la sofisticación, sino en cómo permite a los humanos actuar de manera responsable, colaborativa y con humildad, incluso frente a amenazas existenciales.
Al mismo tiempo, las películas muestran cómo la tecnología puede adoptar un papel mucho más oscuro. En “Companion”, la inteligencia artificial se cruza con las relaciones humanas de formas inquietantes que van más allá de un mal funcionamiento o un error técnico. La película imagina un futuro cercano donde los compañeros de IA se comercializan como socios personalizables y obedientes, pero al hacerlo, eliminan la autonomía.
En la película, Iris, la robot acompañante, puede ver su estado de ánimo e inteligencia ajustados al antojo de su “dueño”. Lo que parece comodidad revela rápidamente un problema más profundo: la tecnología otorga poder a un solo individuo mientras niega la capacidad de acción, lo que plantea preguntas urgentes sobre quién controla estos sistemas y por qué.
La inquietud en “Companion” no proviene de un mal funcionamiento. En cambio, proviene de una tecnología que funciona exactamente como fue diseñada, pero al servicio de resultados que socavan la autonomía y la dignidad humana. Cuando la inteligencia es controlada por un individuo singular y poderoso en lugar de estar distribuida con salvaguardas éticas, el resultado puede sentirse menos como innovación y más como coerción, destacando así los riesgos cuando los humanos y la confianza ya no están en el centro de la tecnología.
Estas películas revelan dos caras de la tecnología futurista: una que pone a las personas en el centro de las decisiones, usando la tecnología para amplificar el potencial humano, y otra que elimina la autonomía, concentrando el poder y erosionando la confianza.
El cine no es solo entretenimiento — puede reflejar una verdad más profunda: a medida que surgen nuevas tecnologías, la confianza y el diseño centrado en el ser humano pueden guiar cómo las creamos, implementamos y gobernamos. Lo que está en juego es real, y las decisiones que tomemos determinarán si la tecnología Become un socio en el progreso o en una fuerza que socava nuestra capacidad de acción.