Hoy en día, las empresas citan con frecuencia los desafíos que supone gestionar pagos complejos, con quejas ampliamente reconocidas de que los procesos actuales son lentos, engorrosos e ineficientes. Muchos han promocionado los flujos de pago programables como una solución. En la actualidad, los pagos suelen programarse para que se realicen de manera automática en función de ciertas condiciones simples. Para los consumidores, podría ser una aplicación bancaria que paga la hipoteca el primer día del mes o un medio de comunicación que factura su tarjeta de crédito para renovar una suscripción. Por práctico que sea, este es un nivel muy elemental de programabilidad. Por supuesto, las necesidades comerciales son más complejas: por ejemplo, los pagos de grandes cadenas de suministro con múltiples participantes requieren una automatización más avanzada.
Ahora están surgiendo soluciones de pago programables con mayores capacidades. Pueden conectar eventos comerciales entre sí a través de API y aprovechar la inteligencia artificial y los contratos inteligentes para ejecutar pagos más complejos entre múltiples destinatarios. También se pueden utilizar para ejecutar interacciones de máquina a máquina, automatizando el intercambio entre dispositivos conectados.
Los casos de uso comercial incluyen transacciones de la cadena de suministro y pagos de regalías. En logística, por ejemplo, se podrían realizar pagos automáticos a los proveedores cuando los sensores in situ verifiquen las entregas. En los mercados, los creadores de contenido podrían recibir pagos en tiempo real con regalías variables según el canal (móvil, aplicación o en persona). Estas capacidades permiten a las entidades gestionar la liquidez de forma más eficiente y reducir el tiempo y los costos de procesamiento back-end.
Los pagos programables también podrían permitirnos ampliar los modelos de negocio existentes, como el pago por uso o el arrendamiento. En lugar de comprar máquinas que requieren un uso intensivo de capital, podríamos arrendarlas y pagar en función de un conjunto de criterios predefinidos, como el uso, los niveles de emisiones, el tiempo total de funcionamiento, el tiempo total de inactividad, etc. Se podría activar periódicamente un pago programable para recopilar estos datos, generar una factura según las condiciones contractuales acordadas y luego deducir automáticamente el pago de la billetera digital del arrendatario y acreditarlo al arrendador.
Los ciberataques son una de las mayores amenazas para los pagos programables y están cada vez más automatizados para penetrar nuevos puntos finales. A medida que más participantes se conectan a una plataforma programable, también aumentan las vulnerabilidades a través de ransomware y malware, lo que plantea amenazas a este ecosistema naciente. Es necesario que evolucionen nuevas capacidades de seguridad para generar confianza de forma automatizada.
Los gobiernos también están explorando cómo incorporar programabilidad al dinero mismo a través de las monedas digitales de los bancos centrales (CBDC). Las CBDC actúan como billetes tradicionales, pero vienen en forma digital programable y prometen menores costos, mayor eficiencia, mejor acceso a los servicios financieros y mayor transparencia y responsabilidad en los flujos financieros y los sistemas de pago. Sin embargo, las CBDC también introducen nuevos riesgos y tienen un mayor grado de complejidad técnica y regulatoria.